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Caracoles en el jardín

Los caracoles en el jardín se convierten en plaga cuando causan daños de importancia sobre la vegetación ya sea desde un punto de vista de merma de su valor ornamental o sobre la producción de los cultivos en el caso de referirnos al huerto.


Caracoles en el jardín


Los principales daños causados por los caracoles en el jardín son la comida de las hojas durante su alimentación. Son muy voraces. Pueden llegar a defoliar totalmente una planta herbácea en muy poco tiempo.


Estos caracoles son terrestres… ya que también los hay marinos. Son un molusco gasterópodo provisto de una concha espiral. En realidad, caracol es el nombre común, ya que científicamente existen diferentes géneros como por ejemplo el Helix pomatia, Helix aspersa, Otala punctata, Achatina fulica, Iberus gualtieranus alonensis, etc. muchos de ellos con interés gastronómico, hasta tal extremo que existe en España uno llamado “Vaqueta” (Iberus gualtieranus alonensis), seguramente el caracol más caro del mundo.


En la cocina mediterránea, especialmente la española y francesa, ciertas especies de caracoles configuran uno de los manjares más exquisitos. Suele cocinarse a la plancha con sal, hervidos acompañados de diversas salsas, etc.


Entre los caracoles más comunes del jardín se encuentran el Helix aspersa, contando además con sus variantes Helix aspersa media y Helix aspersa máxima en función de sus tamaños.


Caracoles en el jardín


Pertenecientes al grupo de los pulmonados, su superficie interior está ricamente vascularizada con su base unida al pie. Tienen una concha globulosa helicoidal y dos pares de tentáculos retráctiles, un par provisto de ojos y el otro par táctil.


Los caracoles en el jardín se mueven como los gusanos, alternando contracciones y elongaciones de su cuerpo, con una proverbial lentitud. En su movimiento produce mucus (baba) para ayudarse en la locomoción reduciendo así la fricción. Esta mucosidad cumple varias funciones, entre ellas contribuye a su regulación térmica, reduce el riesgo del caracol ante las heridas, también de las agresiones externas de los tipos bacterianas y fúngicas, le ayuda a mantenerse lejos de insectos potencialmente peligrosos como las hormigas… y por supuesto al desplazamiento antes mencionado.


El caracol de jardín, cuando llegan las condiciones desfavorables como bajas temperaturas en invierno o épocas secas como en el verano (hemisferio norte), se aletargan sellando su concha para su protección. Esta protección se destruye cuando el entorno se hace más amigable para él. En España, los caracoles de jardín invernan desde mediado o finales de otoño hasta el comienzo de primavera (en las zonas cálidas), con un paro intermitente en verano si las temperaturas son muy altas y la humedad baja.


Durante su crecimiento también lo hace su concha. Esta va creando y añadiendo nuevas secciones, cada una de ellas algo más grande que la anterior por un factor constante. Como resultado, la concha formará una espiral logarítmica. Llegada su madurez, el caracol construye un reborde alrededor de la abertura de la concha, deja de crecer, y comienza a reproducirse.


Tanto las conchas de los caracoles como las cubiertas de sus huevos están formados principalmente por carbonato de calcio, al igual que ocurre con las conchas de otros moluscos. Por ello requieren en su dieta de una buena cantidad de calcio, además de un ambiente húmedo para que estas cubiertas sean fuertes.


La reproducción de los caracoles en el jardín se realiza mediante huevos… alrededor de 100 en cada puesta y las pueden llegar a hacer mensualmente. Los adultos son hermafroditas, por lo que cada individuo produce tanto espermatozoides como óvulos. El motivo de aparearse es porque no pueden auto fecundarse.


Lo hacen generalmente durante los períodos lluviosos de primavera y otoño en las zonas templadas. Esta cópula es normalmente durante la noche y con una duración entre 3 y 7 horas. Una vez fecundados los huevos, realizan un agujero de dos a cuatro centímetros en la tierra donde introducen sus huevos. Entre dos y tres semanas después, eclosionan y salen los nuevos caracolillos.


La vida media de los caracoles en el jardín varía notablemente de una especie a otra y a su vez, se ve alterada por las condiciones del hábitat en concreto donde viven. Los caracoles de jardín del género Helix se sitúa entre 2 a 3 años aproximadamente.


Pero los caracoles de jardín tienen muchos depredadores naturales (escarabajos, serpientes, sapos, tortugas, ciertas orugas, aves, ciempiés, etc.), aunque por falta de presencia de estos en los jardines, su control por este medio es insuficiente para mantener un equilibrio aceptable, por lo que se requiere de aplicaciones con cebos envenenados llamados helicidas.


Vía | floresyplantas.net


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